Este viento me dice

Este viento que me choca
tiene un nombre conocido para mi memoria,
se parece a los suburbios de un barrio de adoquines
que atrás tiene un mar sobrecargado
y colectivos viejos, muy viejos
de cuando los boletos todavía eran de papel 
y la suerte venía en forma de capicúa.

Este viento anticipa algo,
no estoy diciendo una tormenta
tampoco un recuerdo
mucho menos un presentimiento,
porque este viento no habla en el idioma de la superstición.

Este viento dispara contra la formación de guerra de los pájaros
que es una V invertida en el cielo, siempre en sentido contrario:
las aves huyen de las catástrofes,
si hay una inundación o un tsunami,
la salvación está en la migración de los pájaros.

Pero qué digo, si nunca hubo un tsunami en esta ciudad de mala muerte
apenas una inundación hace cuarenta años
y en esta inundación que se está llevando el paraíso,
me pregunto ¿dónde están esos pájaros,
imberbes de caritas impolutas
seres de luz
bestias de la sabiduría
los que marcan siempre el camino
traidores de su especie
víboras del lodo,
amigos enemigos?
¿dónde,
verdaderos dueños de la
Máscara de la muerte roja
septenarios de las copas y las trompetas
estúpidos dogmáticos sectarios?

Este viento que suena de lejos y dice: 
I talk to the wind
Said the straight man to the late man
Where have you been?
Ah, es un disparate de coincidencia
que mientras esté hablando con el viento
señalando este viento, que tiene un nombre conocido
suene la canción de King Crimson
en un sucucho divino de Talcahuano casi Corrientes.

Entonces los bondis ya no son tan viejos,
y el viento cumple otro año más en este otoño
inaugura otra década
nace un niño, muere otro,
porque nunca es al revés
porque en este vientito comprimido no hay lugar para todos
y todos somos hijos de un viento que ya traía un ala rota
y que nunca termina de devastar a las ciudades,
es más: hace dos mil años esperamos un apocalipsis
un caballo rojo, un tigre de siete cabezas,
algo más movidito, ya sé, una fiesta bacanal
o Salomé bailando con la cabeza de Juan el Bautista
repletos de vicios sodomitas.

Pero no, otra vez la tediosa continuación del progreso
como un río que siempre es el mismo 
-como cuando a una villa la bautizan Villa Progreso,
pero nunca progresa, nunca deja de ser pobre-,
¿cómo explica Heráclito el nombre de una villa?
Seguro que si Julio César hubiera tenido que cruzar el Río Bermejo
no hubiera apenas acertado la creciente que es empujada por el viento
ni Teseo podría haber reparado tantas veces su barco sobre un riachuelo.

El viento no silba, habla como un arma
y hace lo que ya sabemos que hace.
Además, este viento se mira en el espejo 
y se ve tan joven como tan viejo es el mundo,
cruza de vereda y su sombra son cosas que no significan nada
el cambio es permanencia y la permanencia es el cambio, 
que aburrido, ya lo vaticinó una filósofa hace otros dos mil años

la quietud es del viento, a veces,
cuando no lo perforan las palabras.




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