Celebración a John Fante

Cuando John Fante nació, las aves migratorias festejaron en el aire, no cualquier ave, sino aquellas que imitan a los sobrevivientes. Cuando Fante nació, nació Bandini y con él nació una generación, maldita y sin éxito. Cuando Bandini nació, soñó con Dostoievski, con Knut Hamsun, y con Fante, el escritor ítalo-americano que escribió hasta sus últimos días, y escribió estando ciego y sin piernas sobre la realidad de la sociedad de los años 30s y de la Gran depresión estadounidense de posguerra. John Fante escribió escribió pobre, con hambre, con la "desdicha" de ser "macarroni" en las tierras de un sueño americano que se caía a pedazos. Y fue póstumo, y lo dieron por perdido, porque el mundo no se bancó tener a un inmigrante pobre que le avivaba la prosa, desafiante y voraz, al canon tradicional, al esnobismo academicista y a la dinámica social que vive de la pose. En consecuencia a esto, la tetralogía de Bandini tardó 50 años en publicarse. Mientras tanto, se dedicó a escribir guiones de películas para la "oropel city", que hizo de su litetatura, un conjunto de imágenes en función de la destructora industria hollywoodense. Antes que la generación beat existiese, y el realismo sucio se denomine como tal, John Fante ya había escrito y dicho y padecido toda la miseria. Un escritor escribe sobre lo que sabe, fue la sentencia de su hijo Dan, años más tarde. ¿Qué sabían John o Arturo? Pues, sabían ser un escritor aún cuando no tenían oportunidad para serlo, sabían molestar a la chuzma burguesa con ironía proletaria aún siendo humillados. Supieron construirse como figura joven y universal de los márgenes que vivieron de puras penas, sufrimientos y de derrotas (eso que los chetos se mueren por tener para alimentar el morbo), y siguió insistiendo, a pesar de tanta nieve, niebla y polvo. Ha enunciado a los crepúsculos y al mar como solo un poeta de su tamaño lo puede hacer. Por eso, leer a John Fante es un acto político y es un acto tan honesto, como honesta, viva y provocadora sigue siendo toda su obra. Leer a Fante es ponerse cara a cara con la crudeza de la literatura, es volver a descubrirla incómoda de verdad y darle el lugar que se merece, para cambiar todo esto. Como él lo prefería.

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